Sostenibilidad
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Greenwashing: el origen de un concepto clave

20 octubre 2025

El término greenwashing se remonta a la década de 1980, cuando, durante una estancia en un hotel de las islas Fiyi, el ambientalista Jay Westerveld observó que se animaba a los huéspedes a reutilizar sus toallas «para proteger el medioambiente». Sin embargo, la realidad era muy distinta: el hotel ahorraba costes y destinaba esos beneficios a la ampliación de sus instalaciones, acercándolo cada vez más a un arrecife de coral, cuyo ecosistema se encontraba en riesgo.

Los clientes reducían su uso de toallas bajo un pretexto ecológico que no se estaba cumpliendo, mientras el establecimiento empleaba esos recursos en unas medidas que dañaban el medioambiente. Así nació el concepto de greenwashing: una combinación del término «green» (‘verde’) y «washing» (‘lavado’): un fenómeno que hoy es más relevante que nunca.

En la actualidad, la sostenibilidad se ha convertido en uno de los criterios de elección más importantes para quienes viajan. Según el informe de Booking.com sobre viajes sostenibles (2023), el 76 % de los encuestados afirma tener en cuenta las medidas medioambientales a la hora de escoger alojamiento.

Al mismo tiempo, el Informe Global ESG (2023) revela que solo un 29 % de los españoles conoce el término greenwashing, aunque un 69 % se declara interesado en cuestiones ESG. Es decir, el interés por la sostenibilidad es alto, pero falta información y claridad: propiciando un terreno para comunicaciones ambiguas.

Definición: ¿qué es el greenwashing?

El greenwashing (también conocido como «ecoblanqueo») es una estrategia de comunicación mediante la cual una empresa proyecta una imagen de sostenibilidad que no se corresponde con la realidad. 

Según el Parlamento Europeo, consiste en transmitir una impresión falsa sobre los impactos o beneficios ambientales de un producto o servicio; mientras que la Comisión Federal del Comercio de Estados Unidos (FTC) añade que una afirmación es engañosa cuando induce a error y afecta a las decisiones del consumidor.

En la práctica, el greenwashing aparece cuando se utilizan sellos como «climáticamente neutro» sin pruebas, se destacan acciones menores mientras se ocultan impactos relevantes o se emplean términos como «bio», «vegano» o «natural» sin certificaciones que los respalden.

La psicología detrás del greenwashing

Estos términos generan una sensación de confianza inmediata. Y es que el greenwashing o ecoblanqueo funciona, en parte, porque se apoya en mecanismos psicológicos muy potentes. 

En marketing se habla del «efecto halo»: ciertos elementos, como el color verde, imágenes de naturaleza o palabras asociadas al bienestar, condicionan la percepción global de una marca y hacen que parezca más sostenible de lo que realmente es. 

Además, la sostenibilidad apela a necesidades profundas: el deseo de hacer «lo correcto», de cuidar la propia salud y de sentirse parte de una comunidad responsable. Cuando estas emociones se utilizan sin un compromiso real detrás, el resultado es un relato atractivo, pero vacío.

Y el riesgo es claro: los consumidores confían en estos mensajes y creen que una empresa actúa de forma sostenible, aunque no sea cierto. De esta forma, el greenwashing genera una ventaja competitiva: puesto que los términos asociados a lo «verde» pueden incrementar la percepción positiva en torno a un 20-30 %. Pero, como veremos, las desventajas —riesgos legales, pérdida de confianza, daño reputacional— son mucho más significativas.

La nueva Directiva Europea sobre greenwashing

El 17 de enero de 2024, el Parlamento Europeo aprobó una reforma de la Directiva 2005/29/CE para hacer frente a las afirmaciones medioambientales engañosas, la llamada «ecoimpostura», y proteger mejor a los consumidores. La nueva directiva contra el greenwashing obliga a los comerciantes a facilitar información clara, pertinente y fiable sobre las características medioambientales y sociales de sus productos, así como sobre aspectos de circularidad como la durabilidad, la reparabilidad o la reciclabilidad.

Entre otras medidas, se prohíben las afirmaciones medioambientales genéricas como «respetuoso con el medioambiente» o «climáticamente neutro» cuando no exista un comportamiento medioambiental excelente reconocido que las respalde. También se prohíbe exhibir distintivos sostenibles que no se basen en un sistema de certificación transparente o que no hayan sido establecidos por autoridades públicas. 

Con este marco, la nueva directiva sobre greenwashing busca evitar que los consumidores sean inducidos a error y favorecer una competencia basada en productos realmente mejores para el medioambiente.

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Ejemplos de greenwashing: de las finanzas al turismo

En los últimos años, han tenido lugar casos muy mediáticos que han marcado un antes y un después en la regulación de la sostenibilidad.

Greenwashing: casos famosos en Europa

DWS: inversión sostenible en el punto de mira

Un ejemplo destacado de greenwashing en el entorno europeo es el de DWS, filial del Deutsche Bank. En 2025, las autoridades alemanas impusieron una multa de 25 millones de euros tras concluir que sus afirmaciones sobre inversiones sostenibles no se correspondían con la realidad. En concreto, se detectó que DWS publicitaba con afirmaciones como «líder en ESG», pese a que sus inversiones no cumplían esos estándares.

El caso fue especialmente delicado porque uno de los fondos implicados, desarrollado en colaboración con el WWF, destinaba parte del capital a compañías de cruceros y a fabricantes de bebidas a los que organizaciones medioambientales atribuyen daños ecológicos significativos. Se trató de la primera sanción de este tipo en Europa, considerada ya un precedente clave en materia de greenwashing.

Booking: el programa «Travel Sustainable»

El sector de los viajes tampoco ha quedado al margen. En 2024, Booking.com tuvo que detener su programa «Travel Sustainable», que asignaba hojas verdes a los hoteles según supuestas medidas ambientales. La autoridad neerlandesa de protección del consumidor consideró que el sistema era engañoso. Más de 500.000 alojamientos en todo el mundo ya habían recibido el distintivo. 

Para muchos hoteles que habían invertido en obtenerlo, su repentina retirada supuso una pérdida de confianza; para la propia plataforma, un daño reputacional notable.

Ejemplos de greenwashing en España: el caso Repsol-Iberdrola

Si buscamos ejemplos de greenwashing en España, el caso más emblemático hasta la fecha es la demanda de Iberdrola, la mayor eléctrica española, contra Repsol, la principal petrolera del país, por el supuesto ecoblanqueo presente en su publicidad. Iberdrola acusó a Repsol de utilizar mensajes sobre neutralidad de carbono y transición energética que, a su juicio, podían inducir a error al consumidor sobre el verdadero peso de los combustibles fósiles en su negocio.

El Juzgado de lo Mercantil n.º 2 de Santander desestimó la demanda en febrero de 2025, al considerar que los mensajes publicitarios analizados no llegaban a engañar al consumidor sobre la naturaleza de Repsol como compañía multienergética con fuerte componente fósil. Ciertamente, se trata del primer gran litigio sobre greenwashing en España y pone de manifiesto que el marco normativo nacional aún está en adaptación respecto a la nueva directiva europea.

Más allá del fallo concreto, el caso envía un mensaje claro: las empresas que hacen greenwashing, o que se perciben como tales, pueden verse envueltas en procesos judiciales complejos, con impacto en su imagen pública y en la confianza de clientes e inversores.

Empresas que hacen greenwashing: patrones comunes

Los ejemplos de greenwashing suelen compartir un mismo patrón: declaraciones vagas, ausencia de certificaciones y mensajes diseñados para generar una percepción positiva sin aportar evidencias. 

Los 7 pecados del greenwashing

Los llamados «siete pecados del greenwashing», formulados en 2007 por la consultora especializada TerraChoice, siguen siendo una de las guías más útiles para detectar cuándo una empresa está proyectando una imagen ambiental que no se corresponde con la realidad. Son, en esencia, patrones recurrentes en muchas empresas que hacen greenwashing, y ayudan a entender cómo se construyen mensajes engañosos o poco transparentes.

Estos son los siete criterios:

  1. Compromiso oculto: se resalta un aspecto positivo (por ejemplo, un envase reciclado) mientras se ocultan impactos ambientales más significativos.
  2. Falta de pruebas: afirmaciones ambientales sin datos verificables ni certificaciones independientes.
  3. Vaguedad: uso de términos como «natural» o «respetuoso con el medioambiente» sin explicar qué significan en la práctica.
  4. Irrelevancia: se comunica un hecho cierto pero sin valor real, como destacar la ausencia de una sustancia ya prohibida por ley.
  5. Mal menor: se enfatiza una pequeña mejora mientras el impacto global sigue siendo elevado.
  6. Etiquetas engañosas: creación de sellos o logotipos que parecen certificaciones sin una verificación externa.
  7. Mentiras directas: beneficios ambientales falsos o imposibles de justificar.

Estas prácticas sitúan a las empresas que hacen greenwashing en una posición de riesgo reputacional y regulatorio, especialmente ahora que las normas europeas son más estrictas.

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El greenwashing en el sector hotelero: por qué es especialmente relevante

En un contexto de creciente sensibilidad ambiental, los viajeros observan las promesas ecológicas con más cautela que nunca. El 80 % de los españoles desconfía de las estrategias de sostenibilidad empresarial debido al greenwashing y la falta de transparencia.

En 2021, un estudio reveló que el 81 % de los viajeros planean elegir una opción de alojamiento sostenible durante sus vacaciones. La proporción de viajeros con mentalidad ecológica ha aumentado de forma progresiva en los últimos seis años. 

El mensaje es claro: en un mercado donde la confianza es un recurso estratégico, los hoteles que implementan medidas transparentes pueden diferenciarse con fuerza de la competencia y fortalecer la relación con sus huéspedes.

Cómo evitar el greenwashing en su hotel

El debate sobre el greenwashing demuestra que la solución no pasa solo por normas más estrictas, sino por un compromiso real con la transparencia, el rigor y la comunicación honesta. No toda iniciativa sostenible es greenwashing, pero la frontera aparece cuando una empresa comunica más de lo que puede demostrar.

La sostenibilidad auténtica va mucho más allá de gestos simbólicos. Retirar pajitas de plástico o pedir a los huéspedes que reutilicen las toallas son pasos positivos, pero no pueden ser la única base de un discurso que de verdad busca proteger el medioambiente. Cuando se ocultan impactos mayores —como el consumo energético, la gestión del agua o el origen de los amenities— la comunicación corre el riesgo de volverse engañosa.

Para avanzar con credibilidad, los hoteles deben apostar por un enfoque integral: desde la cadena de suministro hasta la energía, los materiales, el uso del agua y, por supuesto, los productos cosméticos que ponen a disposición de los huéspedes.

Las nuevas regulaciones europeas, como la Directiva de Alegaciones Medioambientales (Green Claims Directive), buscan precisamente frenar la publicidad vaga y ofrecer estándares más claros. Algo similar ocurre en Estados Unidos con las FTC Green Guides, que establecen criterios para verificar si una afirmación puede resultar engañosa.

La orientación es clara:

«Para evaluar si una afirmación es engañosa, deben considerarse todas las interpretaciones directas e indirectas que pueda generar en el consumidor. Las empresas deben asegurarse de que cada mensaje sea veraz, no induzca a error y esté respaldado por una base verificable antes de comunicarlo.»

En la práctica, esto implica que los hoteles deben presentar datos concretos, como:

  • Consumo de agua por estancia
  • Medidas de reducción de residuos
  • Estrategias para disminuir el plástico
  • Reducción de CO₂ gracias a energías renovables

Las certificaciones independientes también son esenciales para evitar malentendidos. Sellos como EU Ecolabel, Nordic Swan, Ecocert COSMOS o Fairtrade proporcionan un marco claro y verificable, lo que fortalece la confianza del huésped y evita riesgos regulatorios.

En definitiva, los hoteles que aportan cifras, procesos claros y certificaciones reales se distancian de cualquier forma de greenwashing y construyen un relato sólido y creíble.

ADA Cosmetics es sinónimo de sostenibilidad real

Mientras algunas marcas recurren a mensajes ambiguos, ADA Cosmetics demuestra cómo se puede integrar la sostenibilidad de forma rigurosa y transparente dentro del sector hotelero.

Somos el único fabricante de cosmética hotelera del mundo con un portafolio totalmente certificado en Cradle to Cradle Silver, una garantía independiente que evalúa cinco pilares críticos: salud de los materiales, circularidad, energías renovables, uso responsable del agua y justicia social.

Además, fuimos la primera empresa del sector en publicar un informe de sostenibilidad completo, y hemos recibido la medalla de oro de EcoVadis, uno de los sistemas de evaluación en sostenibilidad corporativa más reconocidos mundialmente.

Cifras reales

Nuestra tecnología patentada Refillution permite reducir hasta un 95 % de plástico, lo que equivale a 4,5 kg menos de residuos por habitación, al año. Cada envase de 10 litros sustituye a 34 dispensadores tradicionales, lo que evita miles de unidades de plástico a lo largo de la vida útil del producto.

Certificaciones transparentes

Todas nuestras promesas están respaldadas por organismos independientes. Contamos con certificaciones como:

  • Cradle to Cradle Silver
  • Nordic Swan Ecolabel
  • EU Ecolabel
  • Ecocert COSMOS Organic
  • Fairtrade

Este ecosistema de certificaciones coincide exactamente con lo que la nueva normativa europea exige para evitar declaraciones ambientales engañosas.

Marcas con propósito

Algunas de nuestras líneas más representativas destacan por características sostenibles especialmente relevantes:

Transparencia como valor central

Nuestros objetivos de descarbonización están claramente definidos: reducir las emisiones de CO₂ un 35 % para 2026. Además, colaboramos con iniciativas globales como The Ocean Cleanup, Canopy (protección de bosques) y Clean the World (reciclaje de jabón).

Para los hoteles que quieren alejarse del greenwashing y ofrecer una sostenibilidad creíble, trabajar con partners certificados y transparentes es clave. Con ADA Cosmetics, los establecimientos pueden demostrar un compromiso real con el medioambiente y reforzar al mismo tiempo la confianza de sus huéspedes.

FAQ

¿Qué es el greenwashing?

El greenwashing es una práctica empresarial en la que una marca comunica una imagen más sostenible de lo que realmente es. Puede hacerlo mediante mensajes vagos, afirmaciones difíciles de comprobar o el uso de símbolos y colores que sugieren sostenibilidad sin aportar evidencias reales. Su objetivo es generar confianza, aunque las acciones ambientales de fondo no respalden lo que se comunica.

¿Qué empresas utilizan el greenwashing?

El greenwashing puede aparecer en cualquier sector: desde la moda y la cosmética hasta la banca, la energía o la hotelería. Suele darse en empresas que destacan pequeños gestos «verdes» mientras ocultan impactos más relevantes, utilizan sellos no verificados o hacen promesas que no pueden demostrar, como «neutralidad climática» sin datos de respaldo.

¿Qué tipos de greenwashing hay?

Los expertos identifican siete patrones habituales, conocidos como los «pecados del greenwashing»:

  1. Destacar un aspecto positivo y ocultar otros impactos
  2. Hacer afirmaciones sin pruebas
  3. Usar términos vagos
  4. Comunicar datos irrelevantes
  5. Presentar un «mal menor» como un avance
  6. Mostrar sellos o etiquetas engañosas
  7. O directamente ofrecer información falsa.

Estos patrones ayudan a reconocer prácticas poco transparentes.

¿Qué es el greenwashing y cómo puedo identificarlo?

Puedes identificar el greenwashing fijándote en tres señales clave:

  • ausencia de datos verificables o certificaciones independientes;
  • lenguaje ambiguo («eco», «natural», «verde») sin explicación concreta;
  • sellos propios o poco claros que no indican quién evalúa ni con qué criterios.

Cuando estas señales se repiten, es probable que estés ante promesas más cercanas al marketing que a una sostenibilidad real.

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